Un Encuentro Inolvidable
María Asunción Aramburuzabala, la mujer más rica de España, bajó de su lujoso automóvil en una calle tranquila de Madrid. No tenía ninguna reunión de negocios ni un evento exclusivo. Solo quería dar un paseo por los lugares llenos de recuerdos de su juventud.
De repente, su mirada se detuvo en un pequeño puesto de pan en la acera. Detrás del mostrador, un hombre de mediana edad con el rostro cansado y las manos curtidas vendía panecillos a los transeúntes. Algo en él le resultó familiar.
Cuando el hombre levantó la vista, sus ojos se encontraron. Ambos se quedaron inmóviles.
—¿Luis? —susurró María con incredulidad.
El hombre parpadeó varias veces antes de balbucear:
—¿María? ¿Eres tú de verdad?
Luis había sido su compañero de clase en la secundaria. En aquellos años, se sentaban juntos, estudiaban para los exámenes y compartían sus sueños sobre el futuro. Pero el destino los llevó por caminos muy distintos. María heredó una fortuna y se convirtió en una de las empresarias más influyentes de España. Luis, en cambio, tuvo que abandonar sus estudios por problemas familiares y terminó vendiendo pan en la calle para sobrevivir.
María miró las manos gastadas de su viejo amigo mientras este entregaba un panecillo a un cliente. Su corazón se estremeció.
Después de una larga conversación, María dijo con determinación:
—No puedo permitir que sigas así.
Al día siguiente, el barrio entero quedó sorprendido cuando María Asunción Aramburuzabala regresó, pero esta vez con algo especial: un local completamente renovado con un gran letrero que decía: “Luis Bakery – Donde los sueños comienzan de nuevo”. Había comprado una panadería y se la había entregado a Luis para que la administrara.
Luis no pudo contener las lágrimas. La gente alrededor también se conmovió. Nadie esperaba que una mujer tan poderosa hiciera algo así por un amigo de la infancia.
Desde aquel día, Luis ya no tuvo que vender pan bajo el sol o la lluvia. Su panadería prosperó, y en una de sus paredes colgó una foto antigua de él y María en la escuela—un recordatorio de que la verdadera amistad nunca desaparece con el tiempo.
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